El arma de todo POPULISMO reside en la manipulación de las masas. Con ello se consigue movilizar a los colectivos en detrimento del conocimiento crítico y por tanto anular (con esa ausencia de posibilidad crítica) cualquier comportamiento razonable.
Los ejemplos son numerosos, evidentes y, todos ellos, denigrantes: las masas enfervorizadas alabando las excelencias de Jomeini... las iraquíes gritando a favor de la Guerra Santa de Saddam Hussein; las masas pacifistas del mundo olvidando la llamada de los genes y buscando la PAZ en consideraciones teóricas, sentimentales o morales... las oraciones católicas ritualmente repetidas a favor de la paz, a favor de las lluvias, a favor del buen hacer de los gobernantes.
Es tremendamente sencillo anular la personalidad del individuo cuando se integra en una masa... de ahí el incesante interés de jerarquías religiosas y políticas en esa dirección. Porque saben que la masa de hombres no desarrolla el menor análisis racional de la realidad y tal ausencia es patética.
De la manipulación política estamos cansados de renegar, pero de la manipulación religiosa apenas somos conscientes y por esa razón es la más peligrosa. No tenemos más que comprobar las manifestaciones Populistas Católicas durante la Semana Santa o la Romería del Rocío, en las que la histeria / locura colectiva anula y aplasta cualquier atisbo de individualidad. |