Las creencias religiosas aportan una solución a las Grandes Cuestiones Antropológicas. Pero pocas veces la adopción de creencias religiosas es el resultado de una reflexión. Normalmente, en una sociedad como la nuestra (la España de finales del S. XX), no tenemos oportunidad de plantear nada. Desde el despertar de la conciencia, los progenitores bombardean a sus hijos con las creencia aprendidas hasta el punto de considerar aberrante e incomprensible cualquier "descreimiento". La falta de pensamientos alternativos y la falta de criterios para discernir con mediana claridad la realidad del ser humano es, en la mayoría de los casos, la fuente primaria de la fe religiosa.
Pero si somos productos de la educación recibida también deberíamos ser, a partir de ahí, consecuencias de la reflexión posterior... no se entiende entonces el abrazo ciego a una estructura jerarquizada de poder que vacíe de contenido espiritual aquella respuesta antropológica.
Es válido y respetable que cada persona elija su modo de vida y si esa elección le lleva a considerar el Universo gobernado por dioses, que además tienen una influencia directa en los hombres, es su elección... pero no tiene ni el derecho ni el deber de imprimir esta elección personal en sus hijos. Más allá, cuando esta elección, inicialmente espiritual y personal, se jerarquiza y baja a los terrenos del poder político, es decir cuando se estructura en el poder eclesiástico-episcopal, entonces habríamos de considerar su influencia en nosotros como una verdadera ingerencia en la libertad de pensamiento.
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