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 reportaje
 Los relojes de sol del
castillo de San Romualdo El autor
de este reportaje analiza en una primera entrega los relojes de sol
que existían en el ribat
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EL CASTILLO. Vista
panorámica de la fachada del castillo de San Romualdo que da a
la calle Real ELÍAS |
Miguel Ángel López
Moreno. Recomienda esta noticia
En el torreón central del Castillo de San Romualdo, el
que se eleva a la izquierda de la actual puerta de entrada,
existieron tres relojes de sol. Esa profusión de ciencia,
conocimientos y arte, concentrados en un solitario y antiguo ribat,
hacen de él, al margen de otras circunstancias, un lugar singular y
notable.
Alcanzar a explicar porqué los antiguos moradores
del castillo quisieron tres relojes solares en un mismo torreón,
saber quién ordenó su construcción y qué maestro cuadrantero los
construyó, son otras de las oscuras cuestiones que se plantean en
torno al viejo ribat de la Isla de León.
El reloj central
estuvo en la fachada principal, la que mira a la actual plaza Font
de Mora. Es un tipo de reloj solar vertical meridional, es decir
enfrentado al Sur aunque éste tiene una desviación hacia el Oeste de
15º aproximadamente.
A pesar de su antigüedad, aún es
visible el marco que lo contuvo y algunos trazos horarios radiales
que deben confluir en el punto donde se colocó el gnomon o estilete.
Este reloj solar marcaba casi todas las horas diurnas, y sólo las
primeras horas de la mañana escapaban a su medida.
Los otros
dos relojes de sol son complementarios entre sí y se situaron en las
fachadas laterales del mismo torreón, sobre dos resaltes
achaflanados que los desconocidos constructores orientaron
escrupulosamente hacia el Este y hacia el Oeste.
El primero
(lateral oriental) marcaba las horas de la mañana, desde el
amanecer, a las VI, hasta la hora quinta (las XI); el segundo
(lateral occidental) las de la tarde, desde las XIII hasta el ocaso,
a las XVIII.
En ambos casos, la hora XII del mediodía
quedaba indeterminada porque en ese momento, con el sol en su altura
meridiana, las sombras son paralelas a los resaltes oriental y
occidental. Son dos situaciones extremas y complementarias de
disponer relojes de sol verticales.
En la esquina inferior
izquierda del resalte oriental, aún se puede intuir un clásico
adorno que se repite en diversos tratados de Gnomónica. También se
aprecian algunos trazos horarios, que en este caso no son radiales,
sino paralelos, como se disponen en relojes laterales cuando el
gnomon es paralelo a la pared.
Actualmente no se conoce
ninguna referencia documental, directa o indirecta, que describa los
relojes solares del Castillo de San Romualdo. Pero los hechos son
tozudos: existieron tres. Y la condición sine qua non para su
trazado es una pared vertical, precisamente la que hoy
contemplamos... pero, ¿desde cuando existe esa pared
necesaria?
En torno a 1267, una vez reconquistada la comarca
gaditana, Alfonso X procedió a cristianizar la zona para borrar el
carácter musulmán que había tenido hasta entonces. En esta nueva
frontera, como en todas partes, los lugares sagrados islámicos se
transformaban en iglesias y, en el caso del Logar de la Puente,
asumiendo que ya existiera una edificación antecesora del Castillo
de San Romualdo, se construyó en su interior una iglesia dedicada a
Santa María, advocación a la que el rey sabio era ferviente devoto.
Entre los historiadores no hay unanimidad a la hora de
fechar la construcción del viejo edificio. Jerónimo de la Concepción
(1690, pág. 320), lo atribuye a Alfonso X.
"...para seguridad
de la Puente edificó allí un castillo el Señor Rey D. Alfonso, en el
cual ponía Cádiz alcaide, por ser jurisdicción suya, adjudicada por
el mismo Rey con la Población de la Isla de León, y llamábase en
aquel tiempo, el Concejo del Castillo de la Puente..."
Sin
embargo los estudiosos del castillo, y las investigaciones en curso,
apuntan claramente a que es una construcción anterior, tal vez un
ribat almohade del siglo XII.
Incluso podría tener su origen
en una de las construcciones defensivas, levantadas por el emirato
de Córdoba en el siglo IX, para evitar ataques
normandos.
Esta disposición a cristianizar los lugares
reconquistados no debe entenderse como un intento de negar la
cultura islámica, ni como un síntoma de la intolerancia religiosa
que promovieron más tarde los Reyes Católicos.
Al contrario,
el reinado del rey sabio (1221-1284) se caracterizó, además de por
haber realizado las importantes recopilaciones jurídicas e
históricas, por una aceptable convivencia entre cristianos, judíos y
musulmanes, las tres culturas peninsulares.
De hecho se
preciaba don Alfonso de ser "rey de tres religiones". Este aire de
tolerancia propició un cierto mestizaje de costumbres y técnicas, de
ahí que no resulte inaudito pensar, como ocurrió en otros muchos
lugares, que alarifes musulmanes construyeran totalmente, o bien
reconstruyeran un viejo edificio preexistente, en la forma y
estética de un ribat cristiano, hipótesis que defendiera Torres
Balbás hace medio siglo, y que en esa reconstrucción o construcción
se incluyera la primitiva iglesia de Santa María, de cuya existencia
nos da cuenta Jerónimo de la Concepción (1690, pág.
230):
"...la Iglesia Parroquial de aquella Población, que
siempre ha estado dentro del Castillo, se intitulaba S. María, hoy
tiene advocación de S. Pedro..."
Sin duda, levantar una
capilla o una iglesia era la mejor forma de cristianizar una
mezquita, una zawiya o un ribat, tres lugares de carácter religioso
islámico. Estos últimos eran recintos fortificados que se levantaban
en costas y en las fronteras con los reinos cristianos.
Tenían doble carácter e intención, militar y religioso;
mitad castillo y mitad convento islámico. En ellos se recluían
temporalmente fieles musulmanes que preparaban el precepto de la
djihad, es decir, la Guerra Santa Islámica. Según opinan diversos
autores, no se puede descartar la influencia que ejerció el ribat
islámico, y el concepto de djihad, en la formación de las Ordenes
Religiosas (monjes guerreros) y en la idea cristiana de Cruzada,
entendida como una guerra justa y justificada contra el infiel. Las
similitudes son inmediatas.
Sin dudas, si el ribat existió
como tal en el Logar de la Puente, se cristianizó. La primera
referencia documental a esta iglesia-capilla, se encuentra en una
carta del Concejo de la Puente de Cádiz, fechada el 17 de mayo de
1338, por la que se confirma la entrega de la Alquería de Rayhana a
Gonzalo Díaz de Sevilla, criado del rey Alfonso XI.
En ella
se dice textualmente que los miembros del concejo fueron
"...ayuntados á campana llamados en la capilla de Santa Maria, que
es dentro en el dicho castillo..." Palabras que demuestran la
existencia de una población dispersa en torno a un ribat/castillo
coronado por el campanario de una iglesia cristiana. Nos confirma el
poder aglutinador que entonces tuvo este lugar.
Como es común
en toda la Edad Media, el castillo, la iglesia y el monasterio se
convierte en el elemento aglutinante de la población que se genera
lentamente en su entorno. Para los antiguos y escasos moradores de
la Alquería de Rayhana, en el Concejo del Logar de la Puente,
(moriscos que aceptaran el vasallaje del rey cristiano, escasos
colonos castellanos traídos en intentos repobladores, etc.), sus
murallas son la referencia del poder político y el hito defensivo en
caso de ataque enemigo.
Es decir, el lugar donde buscar
amparo y refugio, lugar donde se genera el tímido comercio local y
donde recurrir al auxilio espiritual. El castillo se convierte poco
a poco en el centro civilizador de un entorno rural de escasa y
dispersa población. Por tanto, no debemos errar demasiado si
pensamos que hasta la construcción de la Iglesia Mayor (1757-1769)
el centro neurálgico de los pobladores de la Isla de León fuera la
plaza del Castillo que se enfrenta al camino que comunicaba Cádiz y
la Puente. Y el torreón central de esa fachada, usado como
campanario de la iglesia hasta bien entrado el siglo XX, el lugar
idóneo para colocar un reloj de sol que marque los hitos temporales
diarios y anuales.
Sin embargo, en 1408, cuando Juan II
entrega el Concejo del Logar de la Puente a Juan Sánchez de Suazo,
el castillo, referente físico del poder político del concejo, estaba
destruido y los pobladores ahuyentados. Los portugueses, aliados de
Pedro I contra su hermanastro Enrique II, habían desolado las costas
gaditanas unos años antes. Ellos, los chamorros -termino empleado
entre los castellanos en sentido despectivo para referirse a los
portugueses- fueron los que derribaron sus almenas y lo arruinaron
por completo. De ahí que Sánchez de Suazo, en el año 1411, se
comprometiera a reconstruir el castillo y el puente. Desde entonces
ambos se denominaron Castillo y la Puente de Suazo.
Los
estudiosos consideran que esta reconstrucción de principios del
siglo XV respetó la planta que tenía la edificación anteriormente, y
dejó una distribución rectangular con ocho torres, muy parecida a la
que contemplamos hoy día. Los ataques de ingleses y holandeses de
1596 y 1625, sin duda dañaron el castillo, pero no llegaron a
destruirlo.
De todo lo anterior concluimos que la paries
necesarius para soportar los relojes de sol, es decir, el torreón
central que hoy contemplamos, puede datar de los primeros años del
siglo XV; torreón que también se utilizaba como campanario de la
iglesia que acoge (Santa María) y que es una referencia visual
válida para la escasa población del entorno y de los viajeros que
atraviesan el puente... pero ¿por qué tres relojes solares en un
mismo torreón? |
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