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CarlosBustamante
Carlos Bustamante, sobrevivió al dictador

TESTIMONIO DE ADMIRACIÓN
La historia de Carlos, compañero de Eugenia, padre de Karla, suegro de Miguel Ángel, opositor a Pinochet...

Textos extraidos del Foro Niñ@s de Villajovita

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Pinochet
El dictador solo era un vulgar ladrón

Habían atacado el Palacio de la Moneda y el Presidente de la Republica yacía muerto sobre una silla en un pasillo. Las ilusiones se desvanecían, los pobres y marginados de toda la vida supieron en ese momento que iban a seguir siéndolo, y muchos jovenes que soñaban con una libertad desconocida que imaginaban al cerrar los ojos y traspasar la cordillera llegando a paises lejanos en la distancia y cercanos en el sentimiento, sintieron el golpe frio y doloroso de las cadenas. Algunos no puedieron resistirlo y volaron sobre los Andes en busca de sus sueños, otros muchos se quedaron a hacerle frente al vacío, a la nada, a la muerte.

Carlos no quería renunciar a sus sueños. El sometimiento significaba la aniquilación y no iba a dejar de hacer lo que hacía, quería seguir sintiendose vivo aunque ello le llevara a la muerte física. El compromiso con sus ideas y con sus compañeros era total, irrenunciable. Por ello aquella mañana imprimió algunas hojas de la sencilla gaceta sindical que tan bien conocía y salió a la calle para repartirla. En medio de la Alámeda repartió ejemplares y voceó los titulares en contra del golpista, a favor de la libertad.

Su detención fue casi inmediata, las amenazas y los golpes vinieron después. Algunos de los torturadores trataron de convecerle para que desistiera. Si volvía a hacerlo no lo contaría, le decían. Pero esa vez no lo podían hacer desaparecer, su apresamiento había sido público y Carlos era muy conocido. Y con esa baza jugó siempre. Cada vez que lo detenían y fueron muchas, hacía pegar carteles por todo Santiago que denunciaban su desaparición. Pero lo que no se podía permitir era dormir tranquilo en su casa. Siempre debía mantenerse alerta. Los sicarios del tirano aprovechando la noche rodeaban su casa y un disparo hacia alguien que se movía en la oscuridad era una buena excusa.

En ningún momento, Carlos dejó de su actividad. Seguía publicando las gacetillas sindicales, se organizaba con sus compañeros en grupos de resistencia, llegó a convertir su casa en hospital clandestino donde atender a heridos y magullados de enfrentamientos con los represores. Algún posterior ministro fue atendido en su casa. Sus dos hijas vigilaban desde la azotea y avisaban cuando desde lejos oían ruidos de botas golpeando ritmicamente sobre el suelo.

En los últimos años pasó a la clandestinidad total, viviendo en una huida permanente, durmiendo cada noche en una cama desconocida. De vez en cuando y solo de vez en cuando aparecía por su casa protegido por sus compañeros para ver a su familia. Sus hijos le recuerdan flaco, demacrado, golpeado pero con el mismo brillo en los ojos que siempre ha tenido y tendrá. Vivo, mas vivo que muchos.

Una noche fueron a buscarlo a su casa, pensando que se encontraba allí y al no hallarlo se llevaron a Eugenia, su mujer, con la esperanza de sacarle a fuerza de golpes y amenazas información de su paradero. No obtuvieron nada y Eugenia volvió a su casa con el ánimo deshecho y sus retinas impresionadas por la imagen de un compañero de su marido moribundo, en el suelo tras un mostrador.

El infierno se fue desvaneciendo, el dictador tuvo que ceder y la democracia volvió a Chile, gracias a los muchos Carlos que decidieron creer en la vida y en la dignidad de las personas y supieron hacer prevalecer la ilusión ante el miedo.

La noticia de la muerte del tirano no le ha afectado en realidad, ya estaba muerto hace mucho tiempo. Fue muriendo poco a poco a medida que se iban desvelando sus crimenes y latrocinios, que aunque sin condena jurídica han sido condenados por las conciencias de toda la humanidad. Como él dice:

"...casi me gusta mas que se le recuerde como un ladrón que como un dictador".

MiguelAngelRodriguez

Quiero hacer público aquí, mi respeto y mi admiración hacia mi suegro, y compartirlo con mis paisanos.

Salud, Carlos.

Miguel Ángel Rodríguez, yerno
11 Dic 2006


Quiero (...) agradecer a Miguel Ángel ese testimonio tan cercano, que ha compartido con todos ustedes.

En el día en que se conmemoran los derechos humanos ha muerto el dictador que terminó con la vida de tantas miles de personas. Pero no es alegría la que me invade, más bien es nostalgia y frustración; no es ánimo de venganza, más bien necesidad de justicia... “justicia” que importante valor.

Tengo la esperanza que en un día, espero cercano, se le de castigo a todos los que obraron con él, que mi país pueda superar la época más triste y cruel; que las madres, mujeres, tíos, hijos, primos, puedan conocer el paradero de miles de personas desaparecidas. Que mujeres y hombres puedan dejar atrás esa mirada de tristeza e injusticia y sepan que los criminales no gozan de impunidad…

Mi querido Miguelito te quiero mucho, me llenas de dulzura y me haces completamente feliz. Ese testimonio me ha llevado a épocas pasadas en las que todos creíamos y luchábamos por un Chile Justo Democrático y libre.

Y a Carlos, ese luchador incansable, ese hombre consecuente y generoso, mi padre.

Karla
Karla,hija...
la niña que vigilaba en la azotea
11 Dic 2006

Miguel Angel: agradezco enormemente tu testimonio.

Solamente hice lo que mi conciencia libertaria me indico, y fuimos miles. Lamentablemente muchos de ellos quedaron en el camino, como ocurriò con queridos amigos y camaradas, unos asesinados, otros detenidos, desaparecidos. Pero otros tantos sobrevivimos, y somos los que mantendremos vivas sus memorias.

Creo que en justicia, en esta hora, reconocer que sin el compromiso de mi compañera, que durante largas jornadas asumió la jefatura del hogar, y sin la ayuda de esas dos heróicas niñas, que vigilaban en la "azotea", y de mis dos hijos varones, que muchas veces me acompañaron en esas jornadas -al punto que uno de ellos se tuvo que asilar a los 17 años-, no habría hecho lo que tú tan generosamente me reconoces.

Agredecer además a los amigos de la web por sus elogiosos comentarios.

Carlos Bustamante

CarlosBustamante
Carlos Bustamante
12 Dic 2006

 

 

 

 

ALLENDE
SalvadorAllende
Oir su último discurso

Un poema de Mario Benedetti

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y ademas los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo

Benedetti

AMANDA

ÚTIMO POEMA
de VICTOR JARA


Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿cuantos seremos en total
en las ciudades y en todo el pais?
Sólo aquí,
diez mil manos que siembran y hacen andar las fabricas.
Cuanta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura.
Seis de los nuestros se perdieronen el espacio de las estrellas.
Un muerto,
un golpeado como jamás creíse podria golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temore
uno saltando al vacío,
otro golpeandose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mio?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existen un númeroque no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las maquinasy los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuantos somos en toda la patria?
la sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Asi golpeará nuestro puño nuevamente.
¡Canto qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto
.Lo que vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...

Estadio de Chile
Septiembre de 1973