La aznarquía comienza en España con el acoso mediático previo a las elecciones de 1996, esa campaña que Luis María Ansón tuvo la delicadeza de explicarnos "...había que hacer algo para que Felipe se fuera" porque, a pesar de la corrupción que salpicaba a los gobiernos del PSOE, no había forma de que el PP ganara las elecciones. Y, una vez el PP instalado en el gobierno, Aznar desarrolló la aznarquía… en la percepción de muchos, esa forma autoritaria, populista, miserable, desleal y artera de ejercer la política. Las dos legislaturas del PP con Aznar a la cabeza, fueron periodos tristes y peligrosos.
El valiente caballerito español –así lo definió Fidel-, aprendió inglés para entenderse mejor con su amigo Bush ("Dime con quien andas y te diré quien eres"), y utilizó dinero de todos los españoles para ablandar ciertas voluntades en esa Gran Nación Temerosa de Dios, la patria de su amigo, con la intención de que le concedieran la Medalla del Congreso de Estados Unidos. Gran honor que vio frustrado el pobrecito.
Muchos no le perdonamos que nos metiera en la injusta guerra contra Irak, aquella guerra que buscaba armas de destrucción masiva que ya entonces no existían. Una guerra justificada con mentiras y que ha causado -y sigue causando- miles de muertos inocentes y que nos ha dejado un mundo peor, un mundo ahora mejor instalado en la inseguridad física y económica. Haro Tecglen bautizó a los tres promotores de la destrucción de Irak como "Los Tres Cerditos de las Azores", Bush, Blair y Aznar. Muchos nos seguimos preguntando ¿qué puñetas pintaba mister Ansar entre estos príncipes de intereses ajenos?
Una de las consecuencias de la decisión de Aznar de promover la Guerra contra Irak, en la percepción de este homo sapiens venido a menos, es el atentado terrorista del 11-M en la estación de Atocha, Madrid. Un mazazo criminal a tres días de las elecciones generales que obligó a unos cuantos dirigentes del PP a destapar públicamente sus miserias, es decir a mentir sobre los autores del atentado, porque reconocer en esos momentos una relación causa-efecto entre la política belicista de Aznar y el atentado islamista era perder las elecciones.
Y, una vez descabalgada por su torpeza y sus propias mentiras, la aznarquía se mantiene viva fuera del gobierno. Ese modo desleal y artero de hacer política en la oposición se observa masivamente en el espacio virtual, en numerosos pataleos parlamentarios organizados y orquestados para desgastar al gobierno a costa de cualquier precio, incluso a riesgo de provocar una enorme crispación parlamentaria que trasciende, de hecho, a la calle. Cuando la política se convierte en aznarquía no coincide con los intereses del país.
Pero, sobre todo, por encima de otras consideraciones, la aznarquía se ha manifiestado en toda su miseria contra el Proceso de Paz iniciado por Zapatero en 2006... muchos no se lo perdonamos porque la cúpula que dirige el PP ha demostrado, con una claridad cristalina, que no tiene vergüenza.
Aznar, el Menor de los Cerditos, se ha convertido en uno de mis amados enemigos favoritos.
Es empleado del señor Murdock y consejero del señor Bush (¡¡así le va al pobre!!) y no pierde ocasión para desprestigiar a su país cada vez que habla en el extranjero. Para colmo, el Tercer Cerdito se queja amargamente de que ningún musulmán le ha pedido disculpas porque sus antepasados islámicos vivieran durante ocho siglos en Al Andalus -que ni siquiera era España-… (Por mi madre, este tío se quedó en la Enciclopedia Álvarez) |
Aznar resucita la reconquista
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