Unos hombres decidieron ejercer su derecho a fumar en la Biblioteca Pública de su pueblo. Y los lectores le dijeron: “Es verdad, tenéis derecho a fumar, pero lo podéis hacer en otro sitio porque aquí venimos a leer... podéis fumar, por ejemplo, en las Bibliotecas Privadas para fumadores, o en el vestíbulo”. Pero insistieron tanto que los bibliotecarios no tuvieron más remedio que dejarles fumar en la sala de lectura.
Entonces los fumadores se dieron cuenta de otra cosa, y dijeron: “Esto no es justo porque mientras nosotros fumamos, vosotros seguís leyendo, almacenáis más conocimientos y tendréis más oportunidades en la vida”. Y entonces, para compensar esta desigualdad, dijeron: “Mientras nosotros fumamos, vosotros tenéis que dejar de leer y tenéis que elegir entre comer pipas o palomitas”.
Pero los lectores no querían comer nada, lo que querían era leer, que para eso habían visitado la Biblioteca Pública. Y entonces, los fumadores se enfadaron mucho y dijeron muchas cosas sobre la libertad para elegir donde fumar. Desde los Grandes Fumaderos hasta se dijeron cosas infumables y se propagaron sus ideas fundamentales: Respeto a la libertad fumadora; libre elección del sitio donde fumar y derecho de los padres a elegir qué tabaco fuman sus hijos... ¡que coño!
No sé mi m’explicao.
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